Cabeza de pájaro, cuerpo de pez, y corazón de medusa. Corazón hiriente y transparente. Así es Juan Cuevas, hecho de bichos y de palabras viajeras y jaraneras.

Un hombre al que le queda tan bien el silencio como la risa. Una lavadora a la que se le han borrado las instrucciones. Todo eso pudimos sacar en claro de este domador de servilletas. Un hombre, pero también un monstruo hecho de sensaciones puras.

Pudimos ver todas sus caras, en un programa que trató sobre la metamorfosis. Un programa que ha ido transformándose a medida que las palabras de Juan Cuevas iban cautivándonos. Parecía que al principio éramos una crisálida deslumbrada por los focos de trompeta, pero salimos flotando por la calle castellar como leves mariposas, repartiendo mordiscos a oyentes y viandantes. Vale, que esto de mariposas que muerden es algo raro, pero es que aún no sabemos muy bien que muelas somos, estamos en plena transformación, y al fin y al cabo, por algo somos el lado salvaje de la literatura.

Gracias a Incisivo, por volver a Mandíbula, gracias por regresar tras el lapsus del jueves pasado, y gracias  a Iván Onia, siempre presente en nuestros corazones, y en los asientos más oscuros de Trompeta Verde, listo para preguntar sobre las intimidades de los poetas que pasan por nuestra consulta.

¿Queréis enteraros de todo? Pues veniros al lado de las mariposas caníbales ¡No seáis capullos y dadle al play!

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